Comer y cenar fuera o hacer un viaje (ya sea de trabajo o de placer) son algunas de las circunstancias que pueden desestabilizar una dieta o una simple promesa de cuidarse y comer de forma más saludable.

Sin embargo, si se cumplen unas reglas sencillas y logras autoimponerte tus propias “líneas rojas”, el desastre estará bajo control. Veamos cómo conseguirlo:

  • Guarnición en verde. No te dejes tentar por otros acompañantes y elige siempre ensalada o verdura. Si eliges un acompañamiento saludable, no caerás en la tentación de picar patatas fritas del plato y, además, te llenarás antes (saciarse es imprescindible para no atiborrarse en los postres).
  • Aliños y salsas light. Las salsas preparadas contienen un gran cantidad de grasas y azúcares. Por eso, la mejor forma de no convertir una ensalada en una bomba calórica es aferrarse a los clásicos como la vinagreta. Eso sí, cuidando las porciones de aceite.
  • Asado o a la plancha. La mejor opción es apostar por los platos que hayan sido cocinados a la plancha o al horno, ya que todo lo que vaya frito o salteado ha sido preparado con gran cantidad de aceite, lo que hace que se multiplique su aporte calórico.
  • Ante la duda, beba agua. No hay otra bebida más sana. Y si hay que elegir, mejor decantarse por opciones sin azúcar añadido, como un zumo de tomate con pimienta.
  • Entrantes bajo control. No están prohibidos pero es importante que elijas aquellos que, o bien por comerse crudos, o por su método de preparación, no añadan más calorías de las necesarias al menú. Dentro de la carta seguro que puedes encontrar aceitunas, pepinillos, jamón serrano o incluso calamares a la plancha. Controla la euforia que nos domina a la hora de los entrantes, es justo el momento en el que nos olvidamos de que estamos a dieta.